Saltar al contenido
Consejos para ser feliz

El árbol que no servía para nada – Reflexión de autoestima

El árbol que no servía para nada - Reflexión de autoestima (2)

Te presentamos esta reflexión de autoestima

Hace mucho tiempo había un señor con mucho dinero, muy rico, que vivía cerca del desierto. Tenía casas y mansiones pero todas estaban por el desierto.

Después de haber hecho tanto dinero, un día dijo que quería algo nuevo. Y empezó a buscar algo diferente, un nuevo estilo de vida. Entonces comenzó a viajar, a ver lugares nuevos. Pasó un tiempo y no encontraba lo que quería, hasta que un día llego a un campo muy hermoso donde no había casi nada de árboles, había mucho sol y pasto. Solo había dos árboles que eran muy peculiares. Eran muy altos. Eran del tamaño prácticamente de edificios.

La diferencia de estos dos árboles a pesar de estar juntos y ser igual de altos es que uno era muy grueso, frondoso, muy verdoso, donde no pasaba ni la luz, ni el viento, ni el agua a través de lo que abarcaba ese árbol. El otro árbol, no obstante, no era frondoso, tenía menos ramas y era un poco más delgado.

Empieza a construir su casa y un jardín. Construye su casa al lado del árbol frondoso, el cual le da bastante sombra. Un día el señor sale de su casa a disfrutar de la naturaleza y se da cuenta de que el árbol con menos ramas está triste y le pregunta que qué le sucedía. El árbol le responde que siempre ha sentido que es muy feo y que no sirve para nada y que él vino a reafirmar ese pensamiento, ya que eligió poner su casa al lado del árbol más bonito y frondoso. Pero se sentía mal por él mismo, no porque le tuviese envidia al otro árbol. Era lógico que el señor escogiera al otro árbol, ya que era más frondoso, fuerte, y lo protegería mejor.


El señor le contesta que no vino allí a buscar sombra, y que no sabía lo que estaba diciendo, se estaba equivocando. Él venía del desierto y tenía muchas mansiones y si hubiera querido sombra, se hubiera ido a un sitio donde hubieran cantidad de árboles como su amigo. Le preguntó al árbol que si no había visto el jardín que estaba enfrente de él.

El señor era aficionado a los jardines y le cuenta que no está aquí por su amigo, si no por él. No se vino simplemente para tener una casa sino también para tener un bello jardín ya que en el desierto era imposible tener uno. Y gracias al árbol había cumplido su sueño, ya que éste le daba la cantidad correcta de viento, de agua, y de sol para poder mantener su jardín.
– ¡Eres perfecto! Yo estoy aquí por ti, no por tu amigo. Tú me das el ambiente perfecto para construir este inmenso jardín. Yo tengo aquí flores muy bellas pero sobretodo muy delicadas. La forma en que tú estás hecho permite que pasen los suficientes rayos de sol para alimentarlas pero no para quemarlas. Tú trasmites la cantidad correcta de agua para hidratar mis flores pero no para ahogarlas.
Y dejas que pase la cantidad correcta de viento. Mis flores necesitan el viento pero no puede ser tan fuerte porque son muy delicadas. Tú estás viendo las virtudes que yo vi en ti, como una desventaja… si tú no estuvieras aquí, yo no hubiera puesto mi casa aquí. Yo lo que quería era tener un bello jardín y, ¡tú me has permitido hacer mi sueño realidad!

reflexión de autoestima, reflexión de autoestima, reflexión de autoestima

Deja un comentario