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Consejos para ser feliz

Aprender a decir NO

Beneficios de decir no

Algunas personas sufren cada vez que se han de negar a algo, cuando quieren decir no, bien sea por miedo a defraudar las expectativas de otros, bien por temor a no dar “la talla” o a no saber argumentar su negativa, o por simple pereza y comodidad. Se trata, en definitiva, del miedo a no ser valorados y queridos.

¿Cuántos dijeron «sí» cuando querían decir «no»? Generalmente tenemos miedo a decir que «no» porque no queremos desentonar: si todo el mundo hace algo, ¿cómo vas a decir que no quieres hacerlo? Tenemos miedo a las consecuencias negativas de haber dicho que «no»: ¿qué va a decir el otro?, ¿qué va a pensar el otro?, tal vez me retire su amor si le digo que «no quiero» hacer lo que me dice.

El «no» es necesario y debemos aprender a decirlo con paz; podemos y está permitido decir «no». Sin odios, ni broncas, ni en malos tonos .

Negarte a algo no tiene nada de malo

Cuando no podemos decir «no» es porque no sabemos ni podemos distinguir cuál es nuestra prioridad en la vida, hacia dónde estamos apuntamos y cuál es nuestro blanco.

En ocasiones, decir “no” es necesario para conocernos, para significarnos y mostrarnos al mundo tal como somos. Desde la sinceridad entablaremos unas relaciones de autenticidad, en las que prevalezca un diálogo más claro, fluido y constructivo. Y podremos decir que sabemos con quién hablamos y cómo se encuentra la persona con la que lo hacemos. Hay demasiadas relaciones vacías, formales, vestidas de cordialidad y buenos modales. Una cosa es la sociabilidad y otra muy distinta, la hipocresía del “quedar bien” a toda costa.

Digamos “no” cuando queremos decir “no”

No nos sintamos culpables por decir “no”.

Dar (adecuadamente) prioridad a nuestras necesidades, opiniones y deseos no es una manifestación de egoísmo, sino de responsabilidad, autoestima y madurez.

Decir “no” cuando lo consideramos justo o necesario es la mejor forma de comprobar en qué medida se nos valora y se nos quiere por cómo somos en realidad.

Permitámonos verificar que nuestras negativas no sólo no rompen vínculos con los demás, sino que plasman un compromiso de sinceridad, respeto (por los demás y por nosotros mismos), responsabilidad y autenticidad.

La confianza se fortalece cuando el diálogo y la interacción no se sustentan en falsos asentimientos y condescendencias.

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