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Consejos para ser feliz

Mereces lo mejor

enero 12, 2019
Mereces lo mejor

Lo único que necesitas para merecer lo mejor, simplemente es cambiar tu mentalidad y convencerte de que eres un ser invaluable y por tal motivo mereces recibir grandes y maravillosas cosas sean de tipo material, emocional, espiritual o social.

Se han hecho grandes esfuerzos por condicionarnos y hacernos sentir indignos de tener todo aquello que ofrece la vida. La mayoría de nosotros hemos aceptado muchas de las cosas que nuestros egos han puesto en  nuestro camino, empezando por nuestra llegada a este mundo como niños.

Te presentamos algunos puntos para que los tengas en cuenta

1. Mi autoestima procede de mí mismo.

La aceptación procede de ti, no puedes amarte desde el exterior solo tu puedes amarte y aceptarte tal como eres. Recuerda que nadie es indigno y que la misma energía divina que fluye a través de ti, fluye también a través de todos. Todos somos dignos, incluido tú.

2.  Me acepto a mí mismo sin reparos. Una persona que se acepta a sí misma de esta manera piensa algo  así: «Estoy dispuesto a afrontar todo lo que se refiere a mí mismo, sin caer en el autodesprecio y sin repudiar mi  valor esencial».

Si no estás dispuesto a hacer tal declaración, tu fuerza interior se  verá socavada por la cólera, la culpabilidad, el temor y el dolor, todo lo cual, combinado, soslaya la posibilidad de que tus deseos se manifiesten.

La autoaceptación no es nada más que un cambio en la conciencia. La aceptación significa que, en  realidad, no tienes que hacer nada al respecto. Simplemente, respetas tu cuerpo y la inteligencia divina que está  obrando sobre ti. No se trata aquí de una actitud fingida. Lo que haces es, simplemente, apartar al ego de tus valoraciones  internas, centradas en la aprobación de los demás. Gracias a la autoaceptación, puedes decir honestamente:

«Soy  lo que soy y lo acepto». Una vez que hayas instalado firmemente esta actitud, desde una postura de  honestidad contigo mismo, la certeza de que mereces recibir los dones del universo estará alineada con ese divino  poder.

3. Acepto plenamente la responsabilidad por mi vida, por lo que es y lo que no es.  Eso supone la  eliminación de nuestra fuerte inclinación, dominada por el ego, a echar a los demás la culpa por aquello que no  hay en nuestras vidas. Asumir plenamente la responsabilidad significa tener conciencia del poder inherente a uno  mismo.

Estar dispuesto a aceptar plenamente la responsabilidad  sobre  ti mismo, te coloca en la postura de ser  digno de recibir y atraer aquello que deseas. Si algún otro fuera el responsable de tus defectos y le achacaras a él  tus problemas, estarías diciendo con ello que para manifestar el deseo de tu corazón necesitas obtener el permiso  de esa otra persona. Este acto de abdicación de la propia responsabilidad destruye la capacidad para capacitarse a uno mismo hasta alcanzar niveles superiores de conciencia.

Cuando utilizas tus comportamientos del pasado para aprender de ellos y sigues adelante, al margen de lo  horribles que te hayan parecido, te liberas de la negatividad que rodea esas acciones. Perdonarse a uno mismo  significa que puede extender el amor hacia sí mismo, a pesar de haber percibido dolorosamente las propias  deficiencias.

4. Comprendo la importancia de que haya armonía entre mis pensamientos, mis sentimientos y mi comportamiento. En la medida en que seas incongruente en cualquiera de estos tres ámbitos, el pensamiento, el  sentimiento o el comportamiento, impedirás que se produzca el proceso de la intensificación de la conciencia y la  capacidad para manifestar el deseo de tu corazón.

 

Estas actitudes te proporcionan las herramientas para crear en tu interior un ambiente que propicie tu  sensación de merecimiento. Todas ellas reflejan la capacidad para vivir pacíficamente en el momento presente, y  para descartar muchas de las actitudes del pasado que te mantuvieron en un estado constante de incapacitación y  te hicieron sentir indigno de manifestar más bendiciones y felicidad en tu vida. Esos sentimientos persisten a  menudo porque te hallas encerrado en la historia de tus primeras heridas. Para finalizar el camino que conduce al merecimiento, tienes que cortar tu relación con esas viejas heridas.

UN PLAN QUE TE AYUDARÁ A VER QUE ERES DIGNO DE RECIBIR Y ATRAER DESDE LA FUENTE DIVINA

Las siguientes sugerencias representan un plan paso a paso para  intensificar tu receptividad al poder de la manifestación en tu vida. Si lo pones en práctica, no cabe la menor duda de que te sentirás digno de la bendición  del espíritu divino que lo abarca todo.

  Practica hacer aquello que te guste, y procura que te guste lo que haces cada día. Si vas a hacer algo,  concédete el beneficio de no quejarte y, en lugar de eso, muestra cariño por esa actividad. Tu lema aquí ha de ser:

«Me gusta lo que hago, y hago lo que me gusta». Eso te sitúa «en el espíritu» y te proporciona literalmente el  entusiasmo para ser un receptor.

  Haz todos los esfuerzos posibles por eliminar de tu vocabulario y de tu diálogo interior los hábitos internos de  pesimismo, negatividad, juicio, quejas, murmuraciones, cinismo, resentimiento y crítica destructiva. Sustitúyelos  con optimismo, amor, aceptación, amabilidad y paz como forma de procesar tu mundo y a las personas que hay  en él.

  Al margen de lo mucho que te sientas tentado de retroceder hacia hábitos cínicos, recuerda que esa es la  energía que estás enviando al mundo, y que con ello transmites un mensaje que bloquea la energía que te  devolverá lo que deseas. Si estás lleno de negatividad, te encuentras desequilibrado y tus resentimientos indican  que no te sientes digno o preparado para aceptar la energía amorosa que deseas.

  Procura encontrar cada día un momento de tranquilidad para erradicar los sentimientos de indignidad. Ese  tiempo de oración o meditación, o de experimentar simplemente el silencio, alimentará tu alma y eliminará  finalmente todas las dudas que puedas abrigar acerca de  no merecer el ser beneficiario de la abundancia del  universo.

  Lee literatura espiritual y poesía, y escucha música clásica suave siempre que te sea posible. He descubierto  que el simple hecho de leer la poesía de Walt Whitman, de Rabindranath Tagore o de Rumi, hace que todo se  sitúe en una perspectiva más sagrada para mí.

 Procura rodearse en la medida de lo posible de cosas bellas. Observa a diario la naturaleza, la inmensidad del sol, la luna, el cielo, las estrellas, los animales, tu familia, tu vida, esto te llenara de una enorme energía y te ayudara a estar agradecido por experimentar esa belleza que tal vez no te habías dado cuenta que te rodeaba.

e Practica la amabilidad para contigo mismo y para con los demás, con toda la frecuencia que te sea  posible.  

Ponte la meta de ser cada día amable con los demás, al menos una vez, y extiende ese mismo privilegio  hacia ti mismo, tanto como te sea posible. Siempre tienes una alternativa acerca de cómo va a reaccionar tu  espíritu. La alternativa de la culpabilidad, la preocupación, el temor o el juicio no es más que un pensamiento que  se transfiere a tu fisiología. Cuando tu yo físico se ve desequilibrado por estas emociones, te sientes demasiado  enfermo e infeliz como para pensar siquiera en participar en el acto de la cocreación de una vida bienaventurada.  Te saboteas a ti mismo, y todo por la falta de voluntad para ser amable contigo mismo y con los demás.  

  Empieza a considerar el universo como un lugar amistoso,  antes  que enemistoso. Sitúa en la categoría de  «lecciones» todas las heridas de las fases anteriores de tu vida. Deja de verte condicionado por esas heridas y de  convertirlas en un brazalete identificativo.

Desvincúlate de la actitud de que este mundo es maligno, está lleno de gente mala, y empieza, hoy mismo,  a buscar el bien en la gente con la que te encuentres. Recuerda que, por cada acto de maldad, hay millones de  actos de amabilidad. Este universo funciona con la energía de la armonía y el equilibrio. Inspira para absorber esa  energía y elimina de tu mente y tu corazón la idea de que eres una víctima. Toda vinculación con tus traumas crea  una toxicidad celular en tu cuerpo y un envenenamiento espiritual de tu alma.

Fuente :

Controla tu destino

Wayne Dyer