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Consejos para ser feliz

El poder del MERECIMIENTO

mereces lo mejor

Debes recordar que mereces lo mejor. Si tus  pensamientos se basan en una imagen de  desmerecimiento, sea cual fuere la razón, manifestarás lo que esos  pensamientos imparten a la mente universal 

Todo aquello que necesitas dominar para lograr el merecimiento en  tu vida lo tienes a tu disposición, en forma de actividad mental. No necesitas salir al mundo y conquistar nada. Se  trata, simplemente, de cambiar tu mentalidad y convencerte a ti mismo de que mereces recibir todas las  bendiciones, ya sean materiales o de otro tipo. 

Para sentir merecimiento, debes entender que. 

Tu autoestima procede de tí mismo. 

La aceptación procede de ti, no puedes amarte desde el exterior, solo tú puedes amarte y aceptarte tal como eres. Cada vez que te sientas indigno de recibir tus manifestaciones, recuerda que nadie es indigno y que la misma energía divina que fluye a través de ti, fluye también a través de todos. Todos somos dignos, incluido tú.

Aceptate a tí mismo sin reparos.

Aceptarte no significa aceptar todo tipo de comportamientos. Se trata de una  negativa a participar en actos  de autodesprecio. Si te rechazas a ti mismo, no podrás sentirte digno de  la magnificencia del  universo. Tu energía se centra en lo que hay de erróneo en ti, y te lamentas ante ti mismo y ante cualquiera que  esté dispuesto a escucharte. 

Recuerda que la idea de atraer las cosas hacia ti mismo se basa en la idea de que «Aquello que debería ser…  ya está aquí». Tu deseo ya está aquí y sólo puede fluir hacia tu vida inmediata si tú te muestras abierto a que así suceda. Esos pensamientos de autodesprecio te impiden situar en el universo el conocimiento y la energía amorosa que van a trabajar para ti. 

La autoaceptación no es nada más que un cambio en la conciencia. Sólo exige un cambio de mentalidad. 

La aceptación significa que, en  realidad, no tienes que hacer nada al respecto. Simplemente, respetas tu cuerpo y la inteligencia divina que está  obrando sobre ti. No se trata aquí de una actitud fingida. Lo que haces es, simplemente, apartar al ego de tus valoraciones  internas, centradas en la aprobación de los demás. Gracias a la autoaceptación, puedes decir honestamente: 

«Soy  lo que soy y lo acepto». Una vez que hayas instalado firmemente esta actitud, desde una postura de  honestidad contigo mismo, la certeza de que mereces recibir los dones del universo estará alineada con ese divino  poder. 

El autorechazo, en cambio, provoca un desajuste en la alineación con tu divinidad. Sólo tú puedes efectuar  ese cambio. Se trata simplemente de cambiar tu percepción interna. 

Acepta plenamente la responsabilidad por tu vida, por lo que es y lo que no es. 

 Eso supone dejar de echar a los demás la culpa por aquello que no  hay en tu vida. Asumir plenamente la responsabilidad significa tener conciencia del poder inherente en ti. 

Estar dispuesto a aceptar plenamente la responsabilidad  sobre  ti mismo, te coloca en la postura de ser  digno de recibir y atraer aquello que deseas. 

La voluntad de responsabilizarte de ti mismo sin quejarte te sitúa en el flujo natural de toda la energía divina.  Eso te evita tener que luchar contra el mundo, y avanzar con él. Todo aquello de lo que te quejes implica que  figurativamente has de tomar las armas para combatirlo. Y todo aquello contra lo que necesites luchar no hace  sino debilitarte, mientras que todo aquello sobre lo que estés a favor, te capacita. 

Elige no aceptar la culpabilidad en tu vida.

 Esta actitud mental crea pensamientos como: «No desperdiciaré   mi vida, mi existencia actual, inmovilizado por la culpabilidad por lo que  ocurrió en el pasado». 

Esta declaración exige conocer la diferencia entre 

arrepentirse de verdad y aprender del pasado, y 

pasarse la vida haciéndose reproches y sintiéndose culpable. 

Aprender de los propios errores y emprender  acciones correctoras son prácticas espiritual y psicológicamente sanas.

La culpabilidad aparece cuando  continúas sintiéndote inmovilizado y deprimido, y esos sentimientos te impiden vivir en el presente.  Al dejarte agobiar por la culpabilidad, llenas tu energía de angustia y reproche. Te haces tantos reproches  que no te sientes merecedor de recibir las bendiciones del universo o de cualquiera que forme parte de él. Los  sentimientos persistentes de culpabilidad te impedirán manifestar nada que valga la pena porque estarás  atrayendo hacia ti esas mismas cosas que sitúas en el universo. Cuanto mayor sea  la  angustia, más razones  tendrás para sentirte mal y más pruebas encontrarás para demostrar que no eres merecedor de lo que deseas. 

Examina cuidadosamente tus pensamientos en todos los ámbitos de tu vida, e identifica aquellos que no estén en armonía con tus acciones. Luego, trabaja cada día para alcanzar un mayor  grado de congruencia interna que satisfaga tus propias normas personales, y guárdate este proceso para ti  mismo. Verás entonces que los comportamientos que te disgustan empiezan a desaparecer y que promueves una  sensación de equilibrio que te aporta paz. No hay nada que tu yo superior desee más que la paz. La paz te hará  sentirte digno de las mayores bendiciones , y al irradiar eso hacia el mundo exterior, este te devolverá lo  mismo. 

  • Practica hacer aquello que te guste, y procura que te guste lo que haces cada día. Si vas a hacer algo,  concédete el beneficio de no quejarte y, en lugar de eso, muestra cariño por esa actividad.  
  • Haz todos los esfuerzos posibles por eliminar de tu vocabulario y de tu diálogo interior los hábitos internos de  pesimismo, negatividad, juicio, quejas, resentimiento y crítica destructiva. Sustitúyelos  con optimismo, amor, aceptación, amabilidad y paz como forma de procesar tu mundo y a las personas que hay  en él. 
  • Procura encontrar cada día un momento de tranquilidad para erradicar los sentimientos de indignidad. Ese  tiempo de oración o meditación, o de experimentar simplemente el silencio, alimentará tu alma y eliminará  finalmente todas las dudas que puedas abrigar acerca de  no merecer el ser beneficiario de la abundancia del  universo. 
  • Procura rodearte en la medida de lo posible de cosas bellas. Observa a diario la naturaleza, la inmensidad del sol, la luna, el cielo, las estrellas, los animales, tu familia, tu vida, esto te llenara de una enorme energía y te ayudara a estar agradecido por experimentar esa belleza que tal vez no te habías dado cuenta que te rodeaba. 

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