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La fuerza de las convicciones | PNL

febrero 15, 2019
La fuerza de las convicciones PNL

Las convicciones son las que marcan la diferencia entre una vida desdichada y otra de gozosa  contribución a la sociedad.  Las convicciones son las que distinguen a los Mozart de los Manson, las que  impulsan a algunas personas al heroísmo y a otras a la ensoñación pasiva de lo que podría haber sido su  vida.

¿Cuáles son las convicciones que motivan los actos de las personas que te rodean? ¿Qué creencias  compartes con tus compañeros de trabajo? ¿Con tus hijos? ¿Con tus padres? ¿En cuáles  discrepas?

 Cada vez que te ocurre algo, tu mente se plantea dos preguntas: ¿Es esto doloroso o placentero? ¿Que  debo hacer para evitar el dolor y/o conseguir placer?  Las respuestas se basan en generalizaciones, en lo  que tú crees que ha de conducirte al placer o al dolor.  Mientras que estos «procedimientos sumarios»  nos permiten situarnos y actuar, también pueden ser graves impedimentos en nuestras vidas.

Piensa en las definiciones limitadoras que puedes haber dado de ti mismo o de personas de tu entorno. ¿Son realmente bien fundadas? ¿No admiten excepciones? ¿Sería posible que tu generalización  sea demasiado general?

Las cosas sólo tienen en la vida el significado que nosotras hayamos querido darles. Uno de los  portentos de nuestra condición humana es la capacidad de atribuir a cualquier acontecimiento un  significado o bien positivo o bien devastador.

Por causa de sufrimientos pasados, algunas personas llegan a pensar: «Jamás me volveré a enamorar,  jamás volveré a sentirme completo».  Pero otras han demostrado el poder transformador de las actitudes  más positivas: «Ya que he sido víctima de una injusticia, voy a ser más sensible a las necesidades de los  demás», o «He perdido a un hijo y quiero trabajar para que el mundo sea un lugar menos peligroso».  Pase lo que pase, todos nosotros tenemos la capacidad de generar significados positivos.   Revoluciona tu vida atribuyendo un significado nuevo a tus experiencias pasadas.   

Las convicciones tienen un poder creativo pero también un poder destructivo.  Dada su enorme influencia en nuestras vidas, debemos comprender estas tres cosas:

1) La mayoría de la gente no decide conscientemente cuáles serán sus convicciones.

2) A menudo, estas convicciones derivan de una interpretación errónea del pasado.

3) Una vez adoptada una convicción, lo que nos sugiere va a misa y tendemos a olvidarnos de que  sólo se trata de un punto de vista. ¿Tienes convicciones en las que creas a pies juntillas? ¿Qué ideas contrarias podrían ser también acertadas? ¿En qué cambiaría tu vida si adoptaras estas convicciones contrarias?

Una convicción no es más que la certeza de que  el significado que atribuirnos a las cosas es verdadero.  Si, por ejemplo, te crees inteligente,  esto es más que una idea.  Estás seguro de que eres  inteligente. ¿De dónde viene esta certeza?

Podemos convertir cualquier idea en convicción si aportamos suficientes referencias para sostenerla.  ¿Cuál de las siguientes afirmaciones es cierta?

1) La gente es básicamente honesta y decente.

2) La gente es deshonesta y sólo se preocupa de sí misma.

¿No tienes suficientes experiencias (referencias) que te permitirían creer que la gente es un asco, si  así lo quisieras?  Si te centraras en otras experiencias, ¿no podrías con igual facilidad encontrar pruebas  de su honestidad?

¿Cuál de las dos convicciones tiene una base verdadera?  La que tú plasmes será la verdadera para ti.

Mientras que las certezas inquebrantables pueden ayudarte a conseguir grandes cosas, también tienen  la capacidad de cegarte a un tipo de información que podría cambiar tu vida para siempre.

¿Has conocido alguna vez a alguien que, impulsado por su necesidad de mantener sus convicciones,  se negara a escuchar ideas nuevas?  Si pudieras contemplar tus propias convicciones con otros ojos, ¿qué es lo que verías?

Las convicciones son el motor de nuestros actos.  Unas afectan sólo a un aspecto de nuestras vidas y  otras son más generales.  La convicción concreta, por ejemplo, de que «John es deshonesto» sólo  afectaría a tus relaciones con él, pero la certeza de que «la gente es deshonesta» tendría repercusiones  mucho más amplias.

Las convicciones globales como ésta suelen basarse en alguna generalización antigua, hecha en  circunstancias extremas.  Es posible que no nos acordemos de ella pero aún permitimos que dirija  nuestras decisiones inconscientemente. El efecto de estas convicciones puede no conocer  límites pero no tiene por qué ser negativo.  Al  cambiar una certeza global, cambiarás para mejor todos y cada uno de los aspectos de tu vida.

¿Hay ideas más firmes que otras?  Desde luego. Hay tres niveles de ideas: la opinión, la certeza y la convicción. Las opiniones cambian fácilmente porque se basan en impresiones pasajeras.  Las certezas  son mucho más firmes porque se basan en experiencias repetidas o en experiencias con una gran carga  emotiva.  No obstante, se pueden poner en entredicho bajo la influencia de hechos nuevos.  Las  convicciones, por otro lado, vienen respaldadas de una carga emocional tan intensa que la persona que  las tiene no sólo está segura de ellas sino que puede llegar a enfurecerse y a cegarse a cualquier  planteamiento racional que las ponga en cuestión.

Las convicciones pueden ser increíblemente motivadoras o insospechadamente destructivas. ¿Cuáles  de tus creencias no son más que opiniones? ¿En cuáles te reafirmas más? ¿Se acerca alguna al nivel de la  convicción?

Gracias a la pasión que nos inspiran, las convicciones nos impulsan a actuar.  El que se preocupa mucho por los derechos de los animales se inspira en una idea.  Pero el que dedica Su tiempo libre a la  concienciación paciente del público en asuntos como los experimentos de laboratorio y las consecuencias del consumo de carne tiene una convicción.  ¿Existen áreas de tu vida en las que u a convicción te daría el impulso necesario para superar todo  tipo de obstáculos? ¿Ves, por ejemplo, cómo la convicción de que no debes engordar te ayudaría a tomar  una serie de decisiones consistentemente sanas? ¿Ves cómo la convicción de que «siempre puedo dar la  vuelta a la situación» te ayudaría a superar hasta los momentos más difíciles?

Convicciones

Imagínate los efectos que tendría en tu vida la certeza, que es capaz de potenciar todas tus actitudes  positivas.  

Haz el siguiente Ejercicio para aumentar tu capacidad de compromiso.

1) Elige la certeza que te gustaría elevar a nivel de convicción.

2) Apórtale referencias nuevas y más potentes.  Si, por ejemplo, has decidido dejar de comer carne,  habla con vegetarianos para ver cómo ha afectado en sus vidas el vegetarianismo.

3) Busca o crea un hecho desencadenante que genere una gran carga emocional.  Si, por ejemplo,

has jurado dejar de fumar, visita la unidad de cuidados intensivos de un hospital para ver los pacientes  con enfisema.

4) Sean tus pasos grandes o pequeños, empieza a actuar de acuerdo con tu convicción.

¿Cuál es el secreto del éxito?  Generalmente, creemos que es el ingenio.  Sin embargo, yo creo que el verdadero ingenio consiste en la capacidad de reunir nuestros recursos más poderosos por el sencillo  procedimiento de sentirnos absolutamente convencidos de ellos.  Es evidente que tenemos más probabilidades de éxito en el campo que sea cuando no sólo nos  comprometemos con un objetivo sino que, a la vez, estamos absolutamente convencidos de poder  alcanzarlo. ¿Cuántas veces has intentado sentir esta emoción tan poderosa?

¿Tienes algún objetivo que te apasione pero que implique hacer cosas que nunca has hecho antes?

¿No es este un buen momento para empezar a imaginar tu propio éxito?

La mayoría de los que dicen «hay que ser realista» tienen miedo.  Debido a desilusiones y a sus propios fracasos pasados, tienen miedo de una nueva decepción.   Las certezas limitadoras que han  desarrollado a modo de protección les hacen dudar, evitar los riesgos y negarse a entregarse a fondo.  En  consecuencia, los resultados que consiguen son limitados.

Los grandes líderes raras veces son «realistas» según los criterios de los demás.  Son, no obstante, inteligentes y precisos.   ¿Qué certezas supuestamente realistas deberías descartar? ¿Qué perspectivas nuevas, entusiastas, no realistas pero enteramente posibles podrías asumir?

Si has de equivocarte, mejor que sea sobrestimando tus capacidades. ¿Por qué?  Tu éxito podría depender de ello.  Una de las diferencias entre pesimistas y optimistas radica en que, después de intentar aprender algo nuevo, los pesimistas suelen ser más precisos a la hora de evaluarse a sí mismos mientras que los optimistas tienden a sobrestimar su actuación.

En consecuencia, los pesimistas desisten porque no ven una razón inteligente por la que proseguir un esfuerzo infructuoso.  Las impresiones positivas de los optimistas, sin embargo, les proporcionan el apoyo emocional y el impulso necesarios para perseverar y, en su momento, alcanzar el éxito.  De este modo, sus evaluaciones no realistas se convierten en reflejo de una posibilidad real. Recuerda: el pasado no es igual al futuro. ¿Qué primer paso podrías dar hacia la realización de un sueño que hasta ahora creías inalcanzable?

Nuestra manera de enfrentarnos a las adversidades influye nuestras vidas más que cualquier otra cosa. Los líderes suelen ver los problemas como transitorios mientras que los que fracasan consideran que hasta el más pequeño contratiempo es insuperable.  Esta última actitud mental constituye el primer paso hacia lo que el doctor Martín Seligman llama incapacidad aprendida, resultado de las siguientes tres impresiones:

1) El problema es eterno (y no temporal).

2) El problema es general (y no afecta sólo a un área).

3) El problema es personal, prueba de que algo va mal en nosotros (y no una oportunidad de aprender).

 La capacidad de mantener los problemas en perspectiva ayuda a los que tienen éxito a evitar caer víctimas de la actitud mental que tiende a considerar los problemas como generales.  En vez de pensar:

«mi incapacidad de dejar de comer ha destruido mi vida», dicen: «mis hábitos de comida me crean un problema» y se centran en la manera de modificar su comportamiento. Por otro lado, los que interpretan los problemas como generales creen que, por haber  fracasado en un área, todos ellos son un fracaso, generalización que les deja con una sensación de total impotencia.

Los optimistas ven los problemas como experiencias que les permiten aprender, retos que les ayudan a modificar sus actitudes.  Los pesimistas los toman como algo personal, como prueba de una profunda falta de carácter.  Su identidad está tan ligada al problema que se sienten abrumados por él.  A fin de cuentas, ¿cómo es posible cambiar tu vida entera de un plumazo?

Evita a toda costa la convicción de que los problemas son «personales».  Empieza a considerarlos como fuente de información valiosa que te ayudará a trazar una ruta más acertada hacia tu destino. Estate agradecido de tenerlos.

Todos los progresos personales empiezan con un cambio de ideas. ¿Cómo sustituir las convicciones limitadoras?  El modo más eficaz es la desestabilización -resquebrajamiento- de tus convicciones con su cuestionamiento.

Recuerda que tu mente intenta siempre evitarte el dolor y piensa en todas las consecuencias negativas que tu certeza ya te ha acarreado.  Pregúntate:

1) ¿Qué tiene esta certeza de tonto, ridículo o estúpido?

2) ¿Qué me ha costado ya el hecho de albergarla? ¿Qué limitaciones me ha impuesto hasta ahora?

3) ¿Qué me podría costar en el futuro si no la cambio?

Respondiendo a este tipo de preguntas podrás asociar la vieja e indeseada convicción con experiencias dolorosas, teniendo así la oportunidad de sustituirla con otra, más positiva.

Para ser feliz, el ser humano ha de sentir que sigue evolucionando.  Y para tener éxito en el mundo empresarial actual, las compañías deben seguir un camino de mejoras constantes.  Es evidente que debemos adoptar el concepto de mejora continua como principio cotidiano y no como un objetivo que sólo en ocasiones se ha de perseguir.

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